La idea principal del kaizen es que siempre es posible mejorar, por lo que nos incita a no dejar pasar un solo día sin dar un paso adelante, por pequeño que nos parezca. Nos dice que cuando mejoramos un poco cada día, al final obtendremos grandes cosas, lograremos grandes cambios.
Se basa en dos pilares fundamentales: la gradualidad y la continuidad. Se trata de descomponer nuestros objetivos en pequeñas tareas, de forma que demos solo un paso a la vez. De esta forma no nos sentiremos desbordados psicológicamente, sino que nos mantendremos motivados y concentrados.
A la vez, esos pasos deben adquirir un carácter continuo; es decir, debemos avanzar cada día, aunque sea tan solo un poco. El kaizen afirma que la perseverancia es el terreno en el que germinan los progresos.
* Permite superar el bloqueo inicial provocado por la resistencia al cambio. Miedo al cambio.
* Pone fin a la postergación. El postergar es uno de los principales enemigos del crecimiento.
* Conduce a resultados permanentes. Los hábitos se encuentran en la base de toda gran transformación.
Una de las ideas esenciales de esta filosofía es que los pequeños cambios, realizados de manera continua a lo largo del tiempo, tienen un gran impacto en nuestra vida.
Para practicar el Kaizen necesitarás reemplazar los hábitos viejos por hábitos nuevos. Tendrás que hacer cosas diferentes, entrar a lo desconocido, experimentar cambios de actitud y aprender nuevas cosas. Porque cuando te atreves a salir de tu zona de confort, círculo de comodidad, de tus costumbres diarias, de tu rutina de todos los días, y exploras lo desconocido para hacer cosas diferentes, entonces es cuando en verdad empiezas a liberar tu verdadero potencial humano, es cuando empiezas a ser diferente, a cambiar y a notar los verdaderos resultados de tus esfuerzos, es cuando empiezas a implementar el autodominio y el dominio de todas las cosas que te rodean.






